Los niños en su desarrollo intelectual pueden identificar los antónimos más facilmente que los sinónimos. A nosotros también muchas veces nos es más facil entender lo que Dios quiere de nosotros comparándolo con lo contrario. Por eso incluyó en Su palabra tantas historias de personas malos ejemplos como el rey Saúl. En este estudio de las “bienaventuranzas” podemos comparar 10 rasgos del verdadero discípulo con las cualidades opuestas que marcan la vida de la mayoría de la humanidad.
V 3. Pobre en espíritu. El discípulo verdadero no es autosuficiente. Es constantemente consciente de que “en mí no hay ninguna cosa buena”. El Apóstol Pedro, al sanar el cojo en la puerta Hermosa dijo: “¿o por qué pones los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” Hechos 3:12. ¿Cuántos cometen el error de creer que son Alguien? Yo recuerdo un hombre perverso que Dios en su misericordia le sanó del SIDA. Este hombre entendió el milagro como algo que él msimo por SU fe había hecho que le hizo distinguir entre los creyentes comunes y corrientes, y como señal de la unción de Dios sobre su vida. Comenzó a salir a predicar, lleno de orgullo. No había cambiado en su interior. Luego se decepcionó y se descarrilló.
V 4. Los que lloran. El discípulo verdadero no está satisfecho consigo mismo. Es consciente de que no crecer significa morir. Juan 15:2 dice, “...y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.” Jesús hablaba del proceso de podar. Podar es restar, no añadir. El discípulo verdadero entiende que su preparación no consiste simplemente en adquirir más y más conocimiento, sino necesita pasar por un doloroso proceso, dejando todo lo que tiene a los pies de Cristo. A los predicadores nos gusta decir, “Hay que pagar un precio,” como si ya lo hubiesemos pagado. El monto del precio que el discípulo paga es directamente vinculado a cuánto uno quiere que le reste para ser transformado. En Lucas 7:47 Jesús habla a Simón el fariseo en presencia de la mujer que le había lavado sus pies con sus lágrimas. Dijo, “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.” El error de Simón fue su satisfacción consigo mismo. Pensó que no tenía tanta necesidad de transformación como aquella mujer. Jesús dijo en otras palabras, “el que ama, sí llora.
V 5. Los mansos. El discípulo verdadero no se considera autodocto. El Espíritu Santo es nuestro maestro, nos guía a toda la verdad (Juan 16:13). El Espíritu Santo no señala a sí mismo sino testifica de Jesús. El Espíritu Santo en un discípulo verdadero también lo hace reconocer las personas que Dios usa para su preparación y les honra con sus palabras. La tendencia del hombre carnal es tomar el crédito por todo lo que hace como si él fuese el primero en pensarlo. “Discípulo” significa uno que aprende de otro.
V 6. Los que tienen hambre y sed de justicia. El discípulo verdadero no se autojustifica. Me fascina la vida de Ché Guevara. Fue un joven estudiante de medicina cuya meta fue dar su vida en servicio a los leprosos. Tomó un año fuera del estudio y emprendió un viaje alrededor de suramérica para conocer la tierra y su gente. En ese peregrinaje enfrentó muchas injusticias sociales que lo marcaron. Sus comienzos fueron tan similares a las experiencias que forman la vida de los que Dios llama para ser misioneros. Aun en su vida como revolucionario, Ché siempre se indentificó con el pobre obrero, prefiriendo trabajar junto a él en los campos y con los guerilleros en la selva, rechazando la vida cómoda de un dirigente político. ¿Qué le hizo escoger un camino de violencia? Por qué rechazó el llamamiento de Dios? Alguna amargura se halló en él, lo que nunca confesó en sus escrituras. ¿Un tropiezo en el amor quizás? Lo que sí sé es que la ira que se manifestó en él surgió de algún desperfecto interno y no de las injusticias sociales que él vio; éstas le sirvieron de pretexto para justificar la expresión a rienda suelta de lo que sentía en su alma. ¡Tanto quiso Dios que le sirviera a El con la misma pasión con que servía a la ira. Hubiese sido un gran misionero. Ahora su imagen adorna las camisetas de muchos como alguna versión más sexy del Cristo: la versión para los que sueñan con ser héroes apasionados y justos de su propia película. El discípulo verdadero nunca va por ese camino, sino reconoce las partes quebradas de su ser y da la razón a Dios. Jesús es su héroe. No se puede tener hambre y sed de justicia en el mundo sin primero enfrentar lo quebrado en el interior. Tal vez no sea tan “sexy” como Ché pero es lo que a Dios le agrada.
V 7. Los misericordiosos. El discípulo verdadero no es autoservidor. No es egoista. Siempre mantiene el enfoque en el servicio a los demás en vez de que lo sirvan. Reconociendo que él no merece todo lo que Dios le ha dado, está dispuesto a amar a los que son difíciles de amar, los que no le pueden devolver nada. Este rasgo de carácter siempre lo lleva en una dirección que parece perjudicar su agenda para el día, su futuro, su carrera, su rumbo al éxito. Dejar a los 99 para rescatar a uno. Solamente la misericordia motivaría al pastor con mucha preparación escoger tomar unos años para pastorear una población rural o pobre en vez de poner todo su empeño en la meta de pastorear una mega-iglesia en una parte próspera de la ciudad. ¿Existen este tipo de discípulos hoy en día?
V 8. Los de limpio corazón. El discípulo verdadero no se autoengaña. Ananías y Safira fueron los autoengañados definitivos. ¿Cuántos cristianos hoy exageran los sucesos ocurridos después de que prediquen o ministren, cuántos escriben informes de su obra reportando prodígios fantasmas para adquirir financiamento para su ministerio, cuántos pasan horas solitas con una calculadora confeccionando cuentos sobre sus egresos para cobrar reembolsos de la ONG con quién trabaja o bajar la cantidad de su diezmo, cuántos comerciantes no dan facturas para evitar reportar todas sus ventas cuando pagan impuestos al gobierno?
V 9 Los pacificadores. El discípulo verdadero no es interesado. El que busca alimentar su curiosidad depravada metiéndose en los problemas de otros se llama metiche. El que juzga un problema entre terceras partes para beneficio propio se llama interesado. Una vez dos doctores extranjeros se pelearon en el hospital público. El que provocó la pelea fue ginecólogo, el otro, de práctica general, únicamente se defendió cuando el primero se lanzó encima, pero logró ensangrentar la nariz del ginecólogo. El machismo del especialista fue ofendido, por tanto llegó a las mujeres fuerzas vivas de la sociedad (cuya presidente fue líder de damas de la iglesia) y les dijo que si no le sacaran al otro doctor del hospital, él iría, dejando la ciudad sin ningún ginecólogo. Las fuerzas viavs hicieron un motín en el parque central para demandar la expulsión del practicante general; inclusive intervinieron a sacar la directora del hospital por defenderlo. Se supo que hubo problemas personales anteriores entre la presidente de mujeres y directora del hospital. El discípulo verdadero juzga las cosas limpio de cualquier interés propio, sólo así puede abogar por la paz.
V 10-12. Los persiguidos. El discípulo verdadero no es autopreservista. Jehova, ¿quién habitará en tu tabernáculo ¿Quién morará en tu monte santo? El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia. (Ps. 15:1,4b) ¿Por qué los políticos cambian sus posiciones en torno a los resultados de las encuestas? ¿Cuál es el afán más fuerte en el ser humano? El afán de preservar la vida a todo costo. Es el motivo detrás de muchas de nuestras acciones y aun nuestros deseos más primordiales como el de ser rico, poderoso o famoso. La iglesia en los Estados Unidos y en muchas partes de latinoamérica no conoce la persecución, se sienten defendidas por tanto no fluye la adrenalina autopreservista. Pero predicadores se sofocanan por tener iglesias inmensas, producir libros, aparecer en la televisión, construir empirios “para Dios.” ¿Por qué? Estas son manifestaciones de un afán desbordado de autopreservación en un mundo mercantilista en que las iglesias son como franquisias de comida rápida como Burger King y Pizza Hut. ¿Por qué será que un pastor muestra celos cuando una nueva iglesia comienza cerca de la suya? ¿Por qué las "argollas políticas" en la dirigencia de las denominaciones? Fue el defecto en el carácter del rey Saúl y de Jeroboam. Vuelven ser persiguidores, opresores de otros. El discípulo verdadero es como el rey David, Sadrac, Misac y Abednego, Daniel y muchos más. Hebreos 11:24-26.
V 13. La sal de la tierra. El discípulo verdadero no se retira. La sal en el medio oriente es un símbolo de la fidelidad. En un matrimonio los novios se agarran de las manos con sal entre ellas para simbolizar su pacto de fidelidad mútua. Luego viven su vida de carne y hueso: procrean hijos, enfrentan situaciones, se relacionan con otros. En medio de todas estas situaciones su fidelidad tiene que ser probabda. Yo soy deportista. Desde niño me ha encantado jugar toda clase de deportes. Pero cuando yo llegué a Puerto Lempira como misionero tuve que tomar una decisión fuerte. Algunos miembros influyentes de la iglesia consideraron que yo no era apto para predicar la palabra de Dios porque yo jugaba baloncesto. Para ellos, el deporte fue una de aquellas “pasiones juveniles” de las cuales el Apóstol Pablo amonestó a Timoteo que se huyese de ellas. El concepto del discípulo verdadero de ellos fue así: una persona que se retira de toda actividad salva las que tienen que ver con el estudio de la palabra, la oración y el ayuno. Pero fue en la cancha, no en la iglesia, donde pude darme cuenta del carácter de las personas. En la iglesia es facil actuarse piadosamente. En la cancha, en el negocio, en el aula, en el mercado es donde se manifiesta el comportamiento verdadero de las personas. El discípulo verdadero no se retira de las actividades diarias para evitar ser visto como hombre o mujer común y corriente. Somos enviados al mundo; nuestra fidelidad a Dios tiene que manifestarse en las actividades normales de la vida para poder tener algún impacto entre los que no conocen a Cristo.
V 14-16. La luz del mundo. El discípulo verdadero no se esconde. Ahí por el otro extremo, hay aquellas iglesias y personas que se preocupan tanto por ser accesible al inconverso que vuelen aparecer iguales al mundo. No se halla ninguna diferencia en su comportamiento. Se equivocan en pensar que una vida santa no es atractiva al inconverso. Pero todas las características egoístas que acabo de describir lucen desagradables en los ojos de cualquiera, por tanto los rasgos del discípulo son como un soplo de aire en un día sofocante. Aun los inconversos se levantan muy de mañana sólo para ver la hermosura del amanecer. La luz es sumamente atractiva. El discípulo verdadero sabe apreciar la belleza de la Luz que hay en él y la quiere enseñar a todos.
